Nacida en Lima hacia 1889, Elena Izcue vivió en sus primeros años los inicios de la reconstrucción nacional a partir de la revolución democrática del Presidente Nicolás de Piérola. Tras años de la prolongada crisis tras la Guerra del Pacífico, se empezaba a perfilar una etapa de cierta prosperidad, que trajo consigo el surgimiento de la llamada "república aristocrática" y luego la irrupción de nuevos discursos y proyectos nacionalistas que marcan decisivamente el proceso cultural del país. Sabemos poco, sin embargo, de estos años formativos de Elena y su hermana Victoria. Ambas eran hijas naturales de José Rafael de Izcue y María Antolina Cobián. Su padre, conocido diplomático limeño, procedía de una antigua familia de origen vasco. Fallecido al poco tiempo de su nacimiento, las hermanas Izcue debieron enfrentar las consecuencias sociales de su origen ilegítimo y las dificultades económicas impuestas por la ausencia del padre. Sin embargo, todo indica que gozaron del apoyo sostenido de algunas amistades familiares que facilitaron su formación.

A pesar de ello, desde muy jóvenes debieron afrontar la responsabilidad de ganarse la vida. Antes de cumplir los veinte años, ambas trabajaban ya como maestras, una vocación que las acompañaría siempre. En mayo de 1910, Elena Izcue es nombrada Profesora de Dibujo de los Centros Escolares y Escuelas Elementales de Lima y del Centro Escolar del Callao. Esta constituye la primera referencia conocida acerca de sus inicios en la carrera pedagógica, que supone una formación anterior en los rudimentos del diseño. Esta vocación artística se perfila tempranamente en diversos apuntes contenidos en sus primeros cuadernos de dibujo.

Efectivamente, a lo largo del período iniciado hacia 1909, sus acuarelas van alternando motivos florales con otros puramente decorativos y con los estudios iniciales del arte precolombino. No existe, sin embargo, información alguna acerca de su aprendizaje. Es posible que haya recibido lecciones en el colegio, o que acudiera libremente a centros de enseñanza artística e incluso que hubiera frecuentado el taller de alguno de los pintores peruanos que por entonces subsistían dando clases privadas de dibujo y pintura.

Su ingreso al sistema público de enseñanza fue determinante para definir el curso de su trabajo posterior. A través de los pedagogos norteamericanos que en ese momento dirigían las escuelas limeñas, tuvo acceso a las últimas ideas respecto de la enseñanza del dibujo y de las artes aplicadas. Con su apoyo, Izcue desarrolla un amplio trabajo, estableciendo por primera vez de manera sistemática en la curricula la enseñanza del dibujo del natural.